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MAAFA

MAAFA

EL COMERCIO ATLANTICO DE ESCLAVOS – MAAFA (*).

 

El código de Hammurabi entre sus leyes ya contemplaba y regia los derechos de propiedad sobre los esclavos, una evidencia de la existencia de tal práctica, quizás no exactamente como la entendemos ahora o como se vino  entendiendo a lo largo de los tiempos, una práctica que nos advierte que el hombre ya esclavizaba a sus congéneres, como siempre ha sido y hasta me atrevería a presagiar, cómo siempre será, aunque esté camuflada de formas diferentes, desgraciadamente siempre sobrevivirá dada la persistente e insensata condición humana, de la que los animales carecen, quizás sea uno de los comportamientos que nos diferencian de ellos, pero para peor.

Sobre la esclavitud y comercio de esclavos, se ha dicho y escrito todo o casi todo lo que había que decir, los archivos históricos nos apabullan con datos sobre todo lo que se puede cuantificar, cómo la cantidad de esclavos, cantidad de viajes, precios, características de cada esclavo y así un largo etc.

Para intentar comprender el cómo y el porqué de la esclavitud y lo que representaba, tendríamos que plantearnos la investigación, atendiendo a la disciplina de considerar estas perversas prácticas desde diferentes puntos de estudio y análisis, entre otros, la psicología, ética, historia, geopolítica sin olvidarnos de planteamientos religiosos, para finalmente tener una visión más amplia del esclavismo, y aún así sería pobre e incompleta si se hiciera desde un punto de vista de la sociedad actual, que no valdría para entenderlo o justificarlo en tiempos pasados y quién sabe si futuros, lo que sí se puede asegurar es que era una actividad sumamente lucrativa, en donde todos los que se movían en esa rueda, absolutamente todos se veían beneficiados.

Sin duda el pormenorizado conocimiento del Comercio Atlántico de Esclavos, nos vislumbra el escaparate en donde se hizo más evidente la ignominia en el trato y en las practicas denigrantes que se aplicaban a bordo sobre unos hombres y mujeres sometidos y profanados hasta un límite difícilmente soportable, a bordo de unas naves pequeñas y miserables que en su obligado registro de escribanos y después pilotos, con unos asientos en sus cuadernos de bitácora y diarios de navegación que llegaron hasta nosotros, que nos proporcionan los relatos de un transporte y conservación de una valiosa mercancía, con alma y sentimientos que no se les reconocían, teniendo que recurrir para su dominio a prácticas nada edificantes que avergüenzan a todo aquel que se considera civilizado, salvando las diferentes perspectivas propias de cada época.

El comercio de esclavos con destino al Nuevo Mundo, no comenzó  inmediatamente después del Descubrimiento, aunque la historia registra como el primer traficante de esclavos al marino portugués Antao Gonçalves en el año de 1441, todavía faltaban cincuenta años hasta el descubrimiento de América. Se explica que fueran portugueses ya que habían sido ellos los primeros marinos en sus viajes hacia el comercio de las especias con Oriente, que en su desarrollo fueron estableciendo colonias a lo largo de la costa occidental africana de donde rapiñaban a sus hombres para las plantaciones de caña en sus dominios en las islas de San Vicente de Cabo Verde.

En virtud del tratado de Tordesillas del 7 de Junio de 1494, que otorgaba a los portugueses el dominio sobre el hemisferio oriental en el que se encontraba África, además de las tierras del Brasil, los españoles no podían ocupar o establecerse en estas tierras, por lo que tenían que recurrir para operar en este tráfico a los tratantes portugueses, holandeses e ingleses, que dominaban este comercio trasatlántico.

A partir del año de 1761, Portugal proclama la abolición de la esclavitud en su metrópoli y colonias, pasando la hegemonía de este comercio a holandeses e ingleses. En el año de 1807 el Parlamento Británico aprobó la ley para la abolición del comercio de esclavos, no fue hasta 1833 que la esclavitud en las colonias inglesas fue ilegalizada, siendo el estado británico obligado a indemnizar a los propietarios por tener que liberar a sus esclavos. A su vez España hasta 1817 el tráfico negrero quedaba formalmente prohibido, que no se aplicó definitivamente hasta 1820. Una medida contraproducente al observar que en el periodo entre 1820 y 1860, aumentó considerablemente este tráfico ilegal en las tierras del Caribe español, debido a la necesidad de mano de obra para adecuarse al sistema productivo de azúcar, tabaco y cacao entre otros productos.

Se estima en más de doce millones de almas las que fueron sacadas de África y esclavizadas entre los años de 1501 hasta 1866, en más de treinta y seis mil viajes en todo tipo de buques veleros, goletas, bergantines, bajeles etc.   

A lo largo de la costa africana eran muchas las factorías en donde esperaban su embarque los esclavos con destino al Nuevo Mundo, una costa que estaba dividida en tres grandes zonas dependientes o bajo la dominación de las metrópolis que habían colonizado el continente africano, portugueses, británicos y holandeses principalmente, británicos y holandeses dirigían sus mercancías hacia el Caribe, Nueva España, La Louisiana, Las Floridas Oriental y Occidental,(zona sur de los EEUU), mientras que los portugueses derivaban sus esclavos hacia la costa suramericana, especialmente para trabajar las minas de oro del Brasil..

La Real Compañía de Aventureros del Comercio con África, fundada en Londres en el año de 1660, (once años más tarde cómo RAC , Real Compañía Africana) daba el derecho para el comercio exclusivo en la costa occidental de África,  a cambio de la mitad de sus ganancias, además les autorizaba a la construcción de factorías y fortines, los cuales progresaron con fruición a lo largo de toda la costa, desde Marruecos hasta el Cabo de Buena Esperanza, para proteger su derechos y al mismo tiempo aumentar sus posibilidades comerciales que en un principio estaban dirigidas hacia el comercio del oro principalmente.

Se establecieron aéreas para delimitar el control del comercio, aéreas que posteriormente se rentabilizaron con el comercio de esclavos. Estas aéreas   las conformaban las tierras comprendidas entre lo que llamaban Senegambia, que ocupaba las tierras de la Costa de Barlovento y Costa del Oro, el área de Ardra y Ouidha que es lo que hoy ocupa las tierras de Benín y Costa de Marfil y el área del Calabar, costa de los Esclavos hoy Escravos y Angola     

Volviendo atrás, el primer buque negrero que atracó en la Española con cuatrocientos bozales fue en el año de 1501, esta podría considerarse la fecha inicial del comercio de los viajes de buques negreros hacia las tierras que la “Bula pontificia menor inter caetera” del año de 1493 otorgada por el Papa Alejandro VI a favor de los reyes de Castilla y Aragón, que concedía la titularidad de todo el Nuevo Mundo al dominio de España.

Son muchas las sombras que trataron de silenciar estas prácticas de la trata y comercio de esclavos, así como sorprendente, es contemplar como en las investigaciones actuales sobre los orígenes de las grandes fortunas que se cimentaron en el pasado, siglos XVIII y XIX, que ejercían su influencia y poder en una sociedad sometida a la tiranía de la ignorancia, Archivos y Registros Oficiales fueron saqueados, eliminando gran parte de registros comprometedores, sin duda obedeciendo a intereses particulares para la supervivencia de las fortunas de estas poderosas familias.

Era en las factorías en donde aguardaban los esclavos su momento de embarque, que también recibían su nombre como “casas de esclavos”, una espera en donde los sufrimientos hasta ahora padecidos en su captura y viaje, mantenían su persistencia. Era el lugar en donde los cuerpos se reponían de las penalidades del camino que les habían traído  hasta estas factorías. Entraban engrilletados y enyugados a un cepo en grupos de tres hombres al menos por cada cepo. En caso de desfallecimiento durante los viajes de estas caravanas, de alguno de los enyugados y para no retrasar las “cuerdas de esclavos”, al esclavo desfallecido se le arrastraba aprovechando la fuerza de los otros enyugados, de esta manera evitaban detener la cuerda hasta finalizar la etapa en la marcha.

Era la casa de esclavos el lugar en donde los negreros, de diferentes orígenes, cómo turcos, libaneses, holandeses o alguno de los cabecillas o reyes de tribus de las tierras interiores, Mailli, Toimbu, Kimbundu, Kikongo etc., dejaban su mercancía de carne de ébano en depósito hasta que se realizaban sus negocios en subastas públicas, en donde en la primera revisión ya se les aplicaba la primera carimba, una marca a fuego sobre la piel en el dorso de los hombres y en lo alto de los glúteos a las hembras, luego se procedía al “palmeo” consistente en una observación minuciosa del físico después de haber profanado sus bocas para comprobar sus dentaduras, indicadoras aproximadas de la edad y salud de los esclavos y así poder clasificarlos.

Los patios parcelados de la casa de esclavos mantenían separados a hombres de mujeres, a hembras jóvenes y a los bembos alejados de sus madres para que no pudieran sentir sus llantos que desatarían su agresividad. Parcelas insalubres en donde los fétidos olores invadían el aire caliente que se respiraba, parcelas que acumulaban las porquerías y desechos orgánicos de días, en donde los zumbidos de moscas y tábanos se hacían notar como música/ruido de fondo.

Del palmeo dependía el destino a que estaban condenados, dependiendo de los trabajos que se iban a realizar. Clasificaban sus cuerpos por peso y constitución física, los esclavos de cuerpos menudos se reservaban para los trabajos en las minas de oro, estos recibían el nombre de “minas” los poderosos y fuertes se les seleccionaban para los campos de caña, tabaco y algodón, así como al servicio en las haciendas de negreros, vegueros y poderosos comerciantes entre  otros, quienes les proporcionaban de un oficio para su propio beneficio.

De las casas de esclavos que existían a lo largo de la costa, mención especial habría que considerar a la casa de esclavos de la Isla de Goré, en la rada de Dakar, en donde se consideraba como el lugar en donde al final del túnel que les conducía desde la casa de esclavos hasta el embarcadero, ya no había vuelta atrás, nunca más volverían a ver su tierra. Eran otras tan conocidas como activas, todas ellas con el estigma de un recuerdo para olvidar como Ouidha; en la costa de los Esclavos Elmina, Cape Coast, Anomaban, Koromantyn. Todas ellas en el recuerdo, todavía encierran y evocan los lamentos y maldiciones de tantos hombres y mujeres que desde allí partieron hacia sus particulares infiernos.  

La navegación hacia el Nuevo Mundo era otra de las pruebas que había que superar, otra prueba del sufrimiento de una duración de entre cuarenta y sesenta días de travesía, según el puerto de origen, ya desde las factorías de Senegambia o las más alejadas del Calabar o Angola, en tanto tiempo las posibilidades de encontrarse con todo tipo de dificultades eran muchas, desde los inmisericordes temporales hasta las prolongadas calmas del mar de los caballos, o los acosos de corsarios o piratas que frecuentaban estas rutas.

Los vientos alisios ayudaban a acortar los periodos de navegación por lo que los pilotos de mar experimentados conseguían reducir la duración de los viajes, lo que contribuía en gran medida al éxito de la expedición, cuanto más largo era el viaje, más posibilidades había de perder más hombres, ya por las diferentes enfermedades propias de las largas navegaciones, como por suicidios por inanición o por arrojarse al mar al no aceptar su nueva condición.

La navegación transoceánica se hacía en naves de tamaños reducidos, aunque grandes para la época, entre doscientas y trescientas toneladas de registro, lo que suponía entre ciento cincuenta a doscientos cincuenta esclavos por cada viaje, excepcionalmente se alcanzaban hasta los cuatrocientos, de los cuales aproximadamente el 15% de ellos no llegaban al destino. De las condiciones físicas de cómo eran transportados, existe amplia información, no tanto de los sufrimientos de esta gente, simplemente por lo muy difícil de imaginar, pensando en unos hombres que en su mayoría desconocían la mar, la inestabilidad de sus movimientos al navegar ya con encalmadas cómo en mal tiempo.

En su desconocimiento, el verse sometidos y encerrados en una bodega oscura y sin ventilación, lo que implicaba respirar un aire sucio y fétido, sometidos a la inmovilidad de unas cadenas y grilletes, con los miedos propios de unos balances y desconocidos ruidos al romper la mar en el pantoque que en su desconocimiento no se llegaban a explicar, además de otros inconvenientes como los quejidos y lamentos del resto de encadenados, las mujeres entre tanto sufrimiento, además de verse acosadas tanto por los tripulantes como por algunos de los esclavos, motivo de severos castigos por parte del Capitán o Maestre, al ser consideradas como una valiosa propiedad. Entre estos esclavos, no era extraño que se encontraran algunos que habían sido bravos y orgullosos guerreros, hechos prisioneros, posteriormente vendidos. Como guerreros o nobles en sus reinos, ahora se veían sometidos y profanados en su orgullo con el consiguiente sufrimiento y no físico precisamente, por cuanto que todos estos variados padecimientos hacen muy difícil el imaginar la verdadera magnitud de tanto sufrimiento de estos desgraciados que hoy se harían inimaginables para cualquier marino en particular y al resto de la gente en general.

Cuando embarcaban se les despojaba de todas sus ropas y de cualquier arete, colgante o distintivo tribal, tanto a hombres como mujeres, las madres conservaban en su desnudez a sus críos abrigándoles con el único calor de su cuerpo desnudo. Se les engrilletaban en bodega y entrepuentes en celdas aprovechando al máximo el espacio, así permanecían acostados durante la navegación, siempre engrilletados a sus cadenas, que arrastraban hasta cubierta cuando se les subía a la intemperie para su aseo, encadenados en sus hileras, en donde unos raspaban con estopas la piel del siguiente en la fila, mientras los marineros u otros esclavos baldeaban sus cuerpos con agua de mar, después lo hacían las mujeres, para regocijo de los marineros de la nave, mientras los más jóvenes se dedicaban a la limpieza de bodegas y entrepuentes, se abrían las tapas de bodega y tambuchos para ventilar las bodegas lo que suponía en los primeros momentos que toda la pestilencia impregnara las cubiertas y el velamen que solo el viento podía eliminar.

Después del aseo se procedía a desentumecer los cuerpos viciados por las incomodas posturas a que se veían sometidos en sus diminutas celdas que  los acogían, una ceremonia depravada e ignominiosa, pero necesaria, era lo que llamaban el “baile de los esclavos” que a base de latigazos dirigidos hacia los pies, les hacían bailar, consiguiendo el fin deseado, operación que se repetía cuando el tiempo lo permitía y con más intensidad cuanto menos quedaba de viaje, lo que era beneficioso para poder vender mejor la mercancía.

De vez en cuando se descubría en la bodega algún cadáver, fallecido normalmente por enfermedad, disenterías, fiebres, viruelas etc., que se arrojaba a la mar sin más protocolo que el fúnebre canto que desde el fondo de la bodega entonaban las esclavizadas mujeres, al final la muerte no era más que la afortunada liberación de una condena en vida de esclavitud a la que se veían forzados hasta el fin de sus días.

La esclavitud, una forma de robar al esclavo el cuerpo y la voluntad. Los esclavos africanos de ciertas tribus se cuidaban de esconder su nombre tribal, el que el anciano cacique de la tribu, le había dado al nacer, era la única propiedad que conservaba en su silencio, perder esta valiosa propiedad suponía perder la totalidad de su ser, hasta su alma, para beneficio del amo.

  

 (*) Maafa. Holocausto Africano también llamado Holocausto Esclavista. 500 años de sufrimiento del pueblo africano y su diáspora. Término acuñado y utilizado por la Antropóloga Marimba Ani.

 Fernando  Saiz C.M.M