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SOLO HASTA LUEGO

La Coruña 15.03.2020.

MIGUEL CAMARERO SUANZES

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A  Miguel Ángel Camarero Suanzes

 

Estas letras quiero dedicarlas a mi amigo Miguel Ángel, que nos dejó, quedando vacío su lugar en las vidas de los que le hemos conocido y disfrutado de la calidad humana de una persona inigualable.

Ha tenido la amabilidad en sus insospechados últimos días  de ilustrar una narración propia de marinos, un viaje que pudo haber sido el suyo y que inesperadamente se vio interrumpido, por unas circunstancias que me cuesta mucho aceptar.

Nuestro viaje de amistad comenzó cuando solo éramos unos adolescentes, nuestras querencias por la mar nos llevaron a hacernos marinos en la EON de La Coruña, después de compartir las mismas prácticas de mar en la M/N Joaquín Ponte Naya, cruzando el Atlántico en repetidas ocasiones, nuestros destinos se fueron alejando, pero siempre la sisga de la amistad nos mantuvo cercanos, que ahora con la jubilación habíamos reanudado, y que disfrutábamos con la tranquilidad que da la edad, apreciando la calidad de nuestras charlas, en que él era un hábil, culto y ameno conversador,  almacenaba además de experiencia, la calma de una conversación pausada y culta. Recuerdo nuestra última conversación, me decía que la prioridad en su vida y especialmente cuando mandaba un buque era buscar la cordialidad con quienes trataba, en la conversación se preguntaba “que no creía que hubiera dejado algún enemigo, por sus actos ”, estaba convencido, dentro de una duda razonable.

Los que le hemos conocido  y disfrutado de su amistad, sabemos de su calidad humana, que nos hace hoy presumir de haber sido considerados sus amigos.

Le adornaba también la virtud de ser un buen pintor y acuarelista entre otras virtudes.

Voy a referir una anécdota de la que fui testigo y que alguno de sus amigos podría confirmar.

Los hechos ocurrieron haciendo las practicas de mar en la M/N  Joaquín Ponte Naya, un buque de carga general, también era considerado como buque escuela, para albergar  a diez alumnos, cuatro de puente, cuatro de máquinas y dos de radio, en donde teníamos los dos el mismo camarote, con dos literas naturalmente.

Navegando por el Atlántico hacia Filadelfia, a media travesía, en una mañana, me encontraba en el camarote, sentado delante de la mesilla, de espaldas a la puerta, pasando a limpio el pedido de pinturas para el próximo puerto, la litera inferior ya había sido hecha por el camarero, naturalmente quedó ordenada, la cama con su colcha primorosamente colocada y sobre la cama, encima de la colcha, apoyada en el mamparo, Miguel había dejado a secar una tabla en la que había pintado con acrílicos, unas botas militares, con el aspecto de gastadas, usadas y sucias. Con la puerta cerrada a mi espalda, de repente se abrió y asomó la cabeza entre la puerta el Primer Oficial, de aquella era D. José Luis Gayoso Losada, solo le dio tiempo a preguntar por nosotros, sin acabar de nombrarnos, cuando de repente cerró la puerta de golpe sin decir nada más, solo el ruido de la puerta me hizo calcular el estado de cabreo del Primer Oficial. Antes de comer, nos llamó a su camarote a Miguel y a mí, para echarnos una racha que todavía recuerdo, no por lo que dijo, sino por el cabreo que tenia, y todo por colocar las botas encima de la colcha de la cama, Miguel le contestó, diciendo que ninguno de los dos había puesto las botas encima de la cama, D. José Luis Gayoso cada vez más cabreado porque él las había visto y eso nadie se lo podía negar, insistiendo en que él las había visto, y ya pensaría en algo para aplicarnos ( eran otros tiempos, con el agravante de ser además un buque escuela ).

Más tarde cuando Miguel le enseño la tabla con las botas pintadas, no sé lo que pensó D. José Luis Gayoso, pero no faltó mucho en que le pidiera que le pintara un cuadro, hoy se que la pintura de las botas las tiene otro compañero nuestro de la época, Ricardo Daprá Saint Hilaire, con el que Miguel también mantenía y conservaba su amistad.

A Ricardo le dejó las botas y su amistad y a mí además de algunas de sus acuarelas, muchos recuerdos de juventud y en el tiempo de ocio, conversaciones impregnadas de su calidad humana y la cercanía que me hizo sentir su amistad durante unos cincuenta y tantos años de nuestras vidas.

Ahora estará gobernando su velero de vida entre Acuario y Piscis, camino del Eterno, que descanse en paz.

 Fernando Saiz. C.M.M

LA CORUÑA 15.03.2020 

 

       

Miguel Angel Camarero y Ricardo Daprá en Norfolk Virginia

En la cubierta de la M/N Joaquín Ponte Naya, Ricardo Miguel y yo
Mayo de 1973

MIGUEL CAMARERO