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LAS CRITICAS DE LOS LECTORES

CAP. IMELDO BARBUZANO

 

Breve crónica de una lectura. PAÑUELO BLANCO.

Por Imeldo Barbuzano  Capitán de la Marina Mercante

Navegar entre páginas.

Quiero agradecer a mi mentor y amigo, el Capitán Fernando Saiz, la amabilidad de hacer llegar a mis manos su primer libro regalándome una entrañable dedicatoria.

Ya no pensaba volver hacerme a la mar, desde mi retiro, después de tanto tiempo, pero debo reconocer que desde el comienzo de la lectura decidí embarcar en el “Melpóneme” junto con el mozalbete Jacobo y navegar entre las páginas de esta aventura marítima.

Al igual que al joven protagonista enseguida caí en la cuenta de que a pesar de mi ventaja de haber sido un marino profesional del siglo XX, desconocía casi por completo las artes de la navegación a vela, la arquitectura naval y la vida a bordo de aquellos veleros de madera del siglo XVIII, que tenían su propia alma. Así que tuve que recalar en multitud de ocasiones a mi Enciclopedia del Mar, que un buen día, teniendo yo 15 o 16 años, me regaló mi padre sabedor de mi temprana vocación por la mar y que a la postre sería mi profesión. Picado en mi amor propio por mi supina ignorancia, invertí horas en querer saber y entender los pormenores de la navegación, nomenclatura naval y datos históricos que se relatan en el libro. Ello no fue una tarea fácil ni ligera pero colmaba mi curiosidad y me servía de evasión y entretenimiento, a la vez que me daba cuenta de la ingente labor de investigación y pormenorizado lenguaje técnico-marítimo que, a buen seguro, algún lector le habrá abrumado. Pero reprocharle al autor este exceso me lleva al tema que trataba el gran Joseph Conrad, en su admirable “El espejo del mar” sobre la acostumbrada degradación del lenguaje marino en los medios de comunicación, tomándose unas libertades sobre términos técnico-marítimos, cual crimen contra la claridad, precisión y belleza del habla marítima.

El libro contiene pasajes redondos de un gran realismo. Las tormentas, las calmas, las rutinas de la vida abordo. Otros de gran crudeza como la ignominia de la trata y transporte de esclavos. Hombres, mujeres y niños degradados a condiciones de ganado. Contrasta con relatos desenfadados probablemente sacados de vivencias del escritor como los métodos de desinsectación y desratización, del todo ecológicos y biodegradable, con el pato “dos penique” y un gato orondo.

No disimula el autor su cariño, casi ternura familiar, por el jovenzuelo protagonista. El último de los últimos de abordo, al que correspondía los trabajos más humillantes que asume con humildad pero manteniendo siempre un aire de dignidad. Noble, siempre ávido de conocimientos, aprende rápido, listo como el hambre y sin embargo lejos de convertirse en un pícaro, se va haciendo un hombrecito recto que hace honor a su palabra. Lo cual no pasa desapercibido para el Capitán de la Nave.

No olvida su hogar, su familia, su nostalgia atada a un pañuelo blanco.

El mejor elogio que puedo dedicarle al “escribidor”es los buenos ratos pasados durante las singladuras, lo aprendido y lo disfrutado durante las travesías.

Enhorabuena Fernando, espero impaciente una segunda entrega.

CRITICA

 

Breve comentario del Capitán de la Marina Mercante.

 

JACOBO MUÑIZ DAZA

Libro técnico donde los haya pero con un grato sabor de sensaciones profundas que, te lo digo sinceramente, me han tocado la fibra sensible.Un placer en todos los sentidos.