.

EL MERCADO HABANANERO

 

CAPITULO XXIII

En el mercado habanero

Cuando iniciamos el camino hacia el mercado, irremediablemente afloraron mis recuerdos, de aquellos tiempos en que, con las hortalizas, verduras, nabos, nabizas etcétera, de las agras del viejo Valencia nos dirigíamos al mercado de la Plaza del Campo de la Leña, en mi querida Coruña, para sacar unos pocos maravedís de cobre, un mercado pobre y con pocos recursos, pero suficientes, en donde el grelo y la castaña eran los reyes del mercado.

Al entrar en el mercado, una explosión de sensaciones nuevas, provocadas por la primera visión y que nunca me hubiera imaginado por la cantidad y variedad de frutas y verduras disponibles en este mercado de San Salvador de La Habana, en donde Matías se desenvolvía con gran facilidad.

A medida que íbamos avanzando por las estrechas callejuelas que formaban los puestos de ventas, me llamaba la atención la variedad de frutas que estaba descubriendo, una increíble y variada fiesta de olores y colores, que sorprenderían a cualquier novato como yo, quedando con las ganas de probarlas alguna vez.

Entre los abarrotados y ordenados tingladillos con las frutas más raras de la isla, Matías me decía, “¿ves aquella verde y pequeña?, es un mamoncillo de verano, amarga y muy refrescante, aquella otra verde y grande, es un mamey o zapote, y las que están al lado, son los capulíes que se parecen a las cerezas, la de más a la izquierda es una papaya y la otra un mango, allí tienes unos corojos, carambolas y calmitos, en el otro lado, tienes las guanabas y tamarindos, un poco más adelante tienes papaya y mangos”, así me fue diciendo cómo se comían y “aún hay más que por aquí no veo”, me decía Matías, como las toronjas, guayabas, chirimoyas, nísperos, marañones, al final me quedé como estaba al principio, no era mi retentiva capaz de memorizar todas las formas y nombres de las frutas que había visto. Para más alegría del momento, los pájaros, con sus trinos y graznidos, que tenían los tainos en sus puestos de ventas, no hacían más que despertarte los sentidos para disfrutar del paseo por un mercado, que para mí había sido un verdadero descubrimiento.

No podía faltar esta visita a la zona del mercado de pájaros y aves, al haber recordado a nuestro añorado, sufrido y esforzado “dos peniques”, al que había que sustituir rápidamente, ya que se empezaban a ver nuevas generaciones de cucarachas, como si los huevos de las últimas supervivientes a nuestro “dos peniques” eclosionaran y se estuvieran reproduciendo nuevamente por los sollados y cubiertas del Melpómene, así que lo primero que buscó Matías fue al sustituto, un yaguasa de plumas de diferentes colores, que Matías estaba seguro que cumpliría su trabajo con tanta eficiencia como lo había hecho “dos peniques”.

El indio taino que nos vendió a nuestro nuevo pato, tenía interés en vendernos más ejemplares de otras aves y que para mí eran totalmente nuevas y extrañas. Nos ofreció unos colimbos, zunzunes, picaflores, guacamayos, pericos, cotorras, querequeres, guabairos, primaveras, cartacubas, bijiritas, bobitos del bosque y no quiso seguir al verel poco interés que teníamos en adquirir estos animales, aunque Matías tenía en mente la compra de alguna gallareta o zarapitos, para tener a bordo huevos frescos y la oportunidad de poder comer algún día una pepitoria de gallareta al estilo castellano, para contento de alguno de los tripulantes.

Estaba Matías en eso de enseñarme cómo era La Habana, ya que no era la primera vez que había estado, y cómo en mi ignorancia en eso de conocer a los distintos tipos de mestizos era absoluta, sus conocimientos sobre las mezclas de los primitivos tainos que eran los pobladores nativos de la isla, se fueron mezclando con los distintos invasores, tanto pacíficos como usurpadores. Así empezó su clasificación:

Español con India                  MESTIZO

Mestizo con Española,           CASTIZO

Castizo con Española,            ESPAÑOL

Español con Negra,                MULATO

Mulato con Española             MORISCO

Morisco con Española            CHINO

Chino con India                     SALTA ATRÁS         

Salta Atrás con Mulato          LOBO

Salta Atrás con India                         CHINO

Chino con Mulata                  LOBO

Lobo con Mulata                    JIBARO

Jibaro con India                     ALBAZARRO

Cambujo con India                ZAMBAIGO

Zambaigo con Mulata            CALPAN MULATO

Calpan  Mulato con Zambaigo TENTE EN EL AIRE

Tente en el Aire con Mulata NO TE ENTIENDO

No te entiendo con India       TORNA ATRÁS

Indio con Negra                     ZAMBO

Negro con Zamba                  ZAMBO PRIETO       

Español con Morisca              ALBINO

Albino con Blanca                 SALTAPATRAS

Indígena con Mestizo            COYOTE o CHOLO

Mulato con Indígena              CHINO

Español con Coyote               HARNIZO

Coyote con Indígena             CHAMIZO

Chino con Indígena               CAMBUJO

Lobo con China                     JIBARO

Jibaro con Mulata                   ALBARDO

Albardo con Negra                CAMBUJO     

Cambujo con Indígena           ZAMBAIGO

Zambaigo con Loba               AMPAMULATO

Campamulato con Cambuja  TENTE EN EL AIRE.

 

Después de esta exhaustiva denominación de los diferentes cruces entre nativos, esclavos e invasores, pensaba que este Matías había que tenerlo de mano para preguntarle sobre todo lo que se me ocurriera ya que sus conocimientos abarcaban a casi todo lo que un marinero tenía que saber para poder navegar por los siete mares y que yo había empezado a descubrir, pero no acabó aquí la lección de Matías, sobre este nuevo mundo para mí y que me hizo comprender él porque a nuestro Capitán nunca le había oído llamar esclavos a los hombres y mujeres que tenían esa condición, clasificándolos de la siguiente manera

BOZALES                 eran los esclavos nacidos en África y no hablaban español.

BOZALONES           eran los bozales más torpes.

MULEQUES             los esclavos adolescentes.

MULECONES          los esclavos que ya habían pasado la adolescencia.

LADINOS                 los esclavos que ya hablaban el idioma de su amo.

CRIOLLOS               los esclavos nacidos en Cuba.

RELLOLLOS            los esclavos nietos de esclavos.

COARTADOS          eran los esclavos que tenían libertad parcial.

PIEZAS DE EBANO eran los esclavos que se vendían cuando el amo no necesitaba de ellos pasando a otros amos en repetidas ocasiones.

LIBERTOS                los esclavos que habían comprado su libertad o se les había concedido por sus amos.

CIMARRONES eran los esclavos escapados, vivían del pillaje.

MOGOLLONES eran los esclavos que se dedicaban a perseguir a los cimarrones.

 

Me decía Matías que los esclavos tenían dos nombres, uno secreto que solo sabían ellos y que ocultaban a los negreros y esclavistas porque este nombre significaba para ellos la libertad de su alma, que representaba a sus costumbres y tradiciones y la propiedad de su espíritu. El conocimiento por parte de los opresores de sus nombres significaba además el dominio sobre su cuerpo y también el de su espíritu, que era lo único libre que tenían en estas tierras de opresión para ellos. Luego tenían otro nombre con el que eran conocidos en los campos de trabajo, minas o plantaciones, nombre que recibían de sus amos, algunas veces adornados con los apellidos del amo para conocer a su propietario.

En el camino de regreso al chinchorro del Melpómene, Martín ya se había hecho una idea de la provisión o matalotaje que tenía que embarcar para cumplir un viaje de regreso, más corto que el viaje desde Cabinda a La Habana, pero mucho más complicado, al tener que navegar por zonas de malos tiempos y muy concurridas por los corsarios ingleses y holandeses.

Con paso rápido y con nuestro nuevo amigo el yaguasa, al que Matías ya empezaba a llamarle con el lógico nombre de “tres peniques” que de vez en cuando se quejaba por la incomodidad en su transporte a bordo. El camino de regreso nos llevó a cruzar la recoleta Plaza de Armas, la más importante de la villa, en donde los cadetes de las milicias habaneras lucían sus entorchados y poderes al paso de las jóvenes hijas de los ricos vegueros del tabaco, en donde parecía que los lances amorosos, eran más frecuentes de lo que la vista de Matías suponía. Más adelante, nos encontramos con el Castillo de la Real Fuerza, en donde destacaba la torre del campanario, uno de cuyos baluartes estaba rematado por una veleta de bronce en forma de mujer, que llamaban la Giraldilla, sin duda con evocación al sevillano Giraldillo de la catedral de Sevilla en la Metrópoli. Giraldilla que tenía el honor de ser la obra escultórica más antigua de Cuba y símbolo de la villa habanera.