La Coruña 23.07.2018

SIN RELEVO

SIN RELEVO

 

Veintitrés años de mar dan para mucho sin duda, es ahora en esos momentos vacios de actividad, cuando disfrutas de tranquilidad y del reposo consciente, hay recuerdos que algunas veces te alegran estos momentos de calma y disfrutas al recordarlos, pero también hay otros sucesos, recuerdos que perturban el ánimo, y que hubiera sido mejor, ni recordar. Este puede ser uno de ellos, a pesar de que en este suceso, he sido el invitado involuntario y al mismo tiempo forzoso, que de todo tiene que haber en esta travesía vital.

En mi opinión, cada persona es un mundo, yo diría que un universo completamente desconocido para el resto de la gente, ya sea esta persona, más o menos cercana, y que a pesar del trato que nos relaciona, ya sea íntimo, vecinal como profesional, o de afectos, sigue siendo al menos parcialmente desconocido. Detrás de su imagen y sus comportamientos o actitudes, podremos intuir algunos de sus rasgos o valores más evidentes, pero siempre hay algo por descubrir, algunas veces interesa que se sepan, otras veces el pudor, es esa opaca barrera que no permite conocerlos, y por tanto para el resto del mundo, se hacen imprevisibles en sus comportamientos.

Este prologo, viene al caso para poder entender esta anécdota que no tiene nada de aprovechable, desde mi punto de vista.

Finalizando el periodo de descanso, por el año 1979, poco antes de embarcar en mi compañía habitual en esa época, me avisa mi Agente de Embarque, que tengo que embarcar inmediatamente en el puerto de Cádiz, inmediatamente, significaba  al día siguiente, por una emergencia, sin aclararme de que tipo de emergencia se trataba.

Así, con las prisas propias de la circunstancia de la inmediatez, ya que era aprovechando una escala técnica del buque, hacer provisión de boca y bunker, la estadía en este puerto sería de pocas horas, así que el agobio en llegar, no hacía más que empeorar la ansiedad de llegar con tiempo y no demorar la partida del buque.

El buque  M/T SUSAN, un petrolero de bandera Liberiana,  intuyo que el único oficial disponible y cercano en esos momentos con licencia de Liberia debería haber sido yo, supongo.

Como es uso y costumbre, cuando se embarca en un buque mercante, siempre y como norma, una vez a bordo, el nuevo embarcado se presenta al Oficial de Guardia, bueno, eso era antes, ahora con la implementación del Código de Seguridad ISPS hay una serie de requerimientos que hacen el método un poco diferente y más complicado, con el objeto de seguir un protocolo de seguridad que comienza en las puertas de las instalaciones del puerto y terminan en el Camarote del Capitán o poco menos. En este caso aún no había ocurrido el atentado de las famosas “Torres Gemelas” de New York, que fue el desencadénate que propició la implementación del nuevo Código ISPS, así que en mi caso, una vez a bordo, en vez de presentarme al Capitán, que no estaba disponible en esos momentos, hace sus funciones el Primer Oficial, al cual le entrego mi documentación, Licencia Liberiana, Pasaporte y carta de la Agencia donde confirma mi embarque, la verdad, todo normal, hasta que me dice que el Segundo Oficial no está a bordo y que el Tercer Oficial me entregará la documentación propia del cargo,  entendiendo que es el único motivo por el cual sustituye al Segundo Oficial, por haberse ya desembarcado,  aunque lo habitual es que quien desembarca, espere a su relevo y entregue el mismo y presencialmente la documentación a su relevo, para conformar el Recibí y a su vez el relevo firme la aceptación de conformidad en orden, de la documentación recibida, y además te informe personalmente de los pormenores del trabajo a realizar o en qué fase están actualmente,  en este caso, como no podía ser de otra forma, lo di por bueno, pensando que uno está a bordo para resolver los problemas y no para crearlos.

Al día siguiente ya pasado el Estrecho de Gibraltar, navegando hacia Libia, el camarero de oficiales, me pregunta si el camarote del “fantasma” me parecía bien, en principio pensé, que el comentario estaba dirigido, para ver cómo reaccionaría, ya que los primeros momentos de una futura relación laboral y sobre todo en los buques, son más importantes de lo que parecen, y así como nosotros tenemos nuestros recursos sicológicos para catalogar a una persona, los demás tripulantes también los tienen y muchas veces más agudizados que los nuestros, detectando nuestros puntos débiles para actuar con ventaja ante situaciones desfavorables, un recurso más de supervivencia en la mar, en tierra pasará lo mismo, supongo.

El caso, es que lo comenté con el Chief Mate (1er.Oficial), que en la misma conversación me contó toda la historia de lo que había sucedido. Fue que a los dos días de salir de Filadelfia, el Segundo Oficial durante su guardia de noche, se había tirado al mar ó se había caído, esto último  algo bastante más difícil de creer o comprender, hechos que ocurrieron poco antes de finalizar su guardia de navegación de las cuatro de la madrugada, ya que el timonel de guardia en el tiempo de avisar a los relevos de guardia, sobre la cuatro menos cuarto, lo había dejado en la derrota del Puente y cuando regresó al Puente sobre las cuatro menos cinco, ya había desaparecido, al principio la confusión al no aparecer y posteriormente, el dar la alarma y comenzar las operaciones de búsqueda del hombre al agua.

Así estuvieron dos días dando bordadas y rastreando la zona, auxiliados por unas patrulleras del Coast Guard Americano y una aeronave de reconocimiento, a los dos días, el “M/T SUSAN”, reanudo el viaje, teniendo que programar una entrada de arribada en el puerto de Cádiz, para hacer entrega de las pertenencias de este Segundo Oficial a su familia y cumplimentar la documentación correspondiente con Policía y Juzgado y proseguir posteriormente, viaje con destino al puerto Libio de Ras Lanuf.  

Durante esta conversación, el Chief Mate, me dio a entender que no querían que yo supiera el motivo de mi embarque tan inusual y accidentado, hasta que el buque saliera a la mar, es como si sus supersticiones de utilizar el mismo camarote, pudieran albergar la posibilidad de no aceptar el embarque, y tener que volver a demorar el buque hasta que apareciera un nuevo piloto.

Durante mi estancia a bordo, pocos o muy pocos comentarios sobre el hecho se hacían en mi presencia, yo tampoco tenía interés alguno, en el porqué y como había sucedido todo este episodio, hasta el punto que ni físicamente me interesé en conocer el aspecto de este, para mi desconocido marino, al que los tripulantes le atribuían comportamientos de persona reservada y supuestamente atormentada, por sus problemas insondables para el resto de la tripulación que como decía al principio, el era su único dueño y conocedor.

 

Fernando S. Saiz  C.M.M.

La Coruña 23.07.2018