La Coruña 20.07.2018

MALETA DE MARINO

MALETA DE MARINO.

 

Se fueron los tiempos del petate y que no vuelvan, dejémosle ir, a pesar de todo, todavía suena en nuestro ambiente marino, el singular palabrejo “petate”, para referirse hoy a la maleta, pero no hace mucho tiempo,  a ese saco de canvás o petate, en donde se guardan desordenados, esos efectos de poco valor material, esa ropa que ha sufrido los avatares de los malos tiempos, después de unos periodos de embarque que parecían interminables, acogiendo también a esa quincalla de bazar que se va recopilando por esos puertos tan alejados de los habituales y conocidos, en donde en otros tiempos se podían adquirir los ya prohibidos marfiles ó esas piezas más o menos artísticas de madera de ébano, la mayoría de las veces unas perfectas falsificaciones, quincalla que todavía adornan o estorban en nuestras casas y que nos hacen sentir satisfechos de la compra adquirida, en fin,  a veces nos engañan, otras veces nos dejamos engañar y casi siempre nos engañamos a nosotros mismos por pura ignorancia, o porque sí. El listado de todos estos artículos sería verdaderamente largo, desde relojes, transistores, cámaras etc., comprados en los “indios” de Canarias hasta los más variados artículos de los “Botlek” en Rotterdam, con el beneficio de adquirirse libres de impuestos, artículos tan variados que abarcaban desde ropa, licores.hasta perfumadas labores para fumar en pipa, eran otros tiempos y no muy lejanos,. En el día de hoy, las nuevas tecnologías han sustituido estos artículos por las famosas tablets, Ipads, celulares, ordenadores personales, etc.

Hoy ya todo es diferente, las maletas son verdaderos artículos de ingeniería, se doblan, se estiran, tienen hasta ruedas, y algunas hasta llevan incorporados modernos dispositivos de identificación  o  alarma de perdida ó robo, toda una revolución, pero el contenido de estas maletas, no habrá cambiado mucho, al tener el marino, más o menos las mismas necesidades. Con el tiempo, se va dando uno cuenta, que la maleta muy llena, es un incordio, eso de que, no eches en la maleta lo que no vayas a usar, hacen los caminos más largos, es una gran verdad, pero insistimos en no tomar muy en serio esta realidad.

Con el tiempo y después de haber hecho muchas veces la maleta, ya no nos planteamos si llevamos la ropa de verano o la de invierno, dependiendo de la época en que te toque embarcar, en la mar no hay veranos ni inviernos, como valoraría cualquier terrícola que va a emprender un viaje, los marinos después de haber hecho muchas maletas somos más pragmáticos en estos asuntos de hacer maletas, al margen de los tiempos atmosféricos que vamos a encontrar a lo largo del periodo de embarque, ya que en un mismo periodo de embarque, podemos pasar del verano al invierno en más de una ocasión, lo que ocurre cada vez que cambiamos de hemisferio de navegación,  lo que si tenemos en cuenta es que tenemos que disponer de poca ropa, pero variada, y que en su mayoría se abandonará, una vez quemada por el uso y la salitre, cuando toque el regreso al hogar, siendo su espacio en la maleta, ocupado por esa quincalla que cada vez va perdiendo el valor añadido que lo clasificaba como exótico.

Todas estas ropas viejas, a la hora de eliminarlas, siempre se veían como algo más que ropas viejas, simplemente por haber sido las obligadas prendas que tapan nuestro frio en las navegaciones adversas, o alivian nuestros calores en los trópicos, adquieren el valor que proporciona la cercanía a nuestros miedos e inquietudes, que son compañeras de nuestros embarques , así que cuando hay que deshacerse de toda esta ropa, normalmente en el pañol grande (la mar), también se abandonan una parte de nuestros ratos de soledad y desasosiego de los malos momentos.

Cuantas millas no habrán navegado las maletas de un marino, cuantas veces se han perdido, ó retrasado en esos vuelos que nos acercaban a nuestro destino a bordo, perdidas o retrasos, ocasionando el consiguiente trastorno para comenzar con buen pie un nuevo embarque, el que lo ha padecido lo sabe bien, trastorno que dura hasta que aparece la maleta por el portalon del buque si hay suerte o te llega en el próximo puerto, o nunca aparece, mientras tanto, o nos hemos hecho con ropa en el puerto antes de salir a la mar, o la generosidad de alguno de los compañeros te saca del apuro.

 

Fernando S. Saiz - C.M.M.

La Coruña 20.07.2018