La Coruña 19.06.2018

BETSY

BETSY

Pues no, no es una amiga ni nadie que conozca, pero durante una época de mi vida, Betsy (*), marcó un periodo de dudas, que puso  en solfa, mis comienzos en esta profesión que tantos momentos de alegría y también de dudas, que han ido llenado folios en mi propio Diario de Navegación.

Corría el año 1973, eran los comienzos de mi vida profesional con la pobre experiencia que se podía tener con tan solo un año de navegación, por esos mares de Dios, por lo que mis conocimientos en esto de los barcos, ya os la podéis imaginar, ninguna o casi ninguna, pero las ganas nunca me han faltado, por lo menos hasta el día en que me encontré con Betsy.

No solo el buen tiempo y la tranquilidad de la mar en calma en latitudes del trópico, son las únicas compañeras de viaje, siempre existe la posibilidad de que nos sorprenda el mal tiempo, como en cualquier mar del planeta, a pesar de que  en el subconsciente asociamos el trópico a una zona de calmas y tiempos bonancibles, mucha luz de día y noches limpias que nos muestran la inmensidad de un cielo estrellado.

Los marinos que hemos navegado con asiduidad por esas tropicales aguas, tenemos una especial sensibilidad en relación a los cambios de tiempo, sabiendo que nos encontramos en la zona de convergencia intertropical, delimitada en su latitud de 23º27´ N. Trópico de Cáncer,  y el Trópico de Capricornio  en latitud 23º27¨S. con su cinturón intertropical o Ecuador Solar, que prácticamente divide a la mitad esta zona de convergencia intertropical, y que no necesariamente coincide con el Ecuador terrestre, es en este espacio, en donde sitúo esta crónica, y más concretamente en la derrota de acceso al Mar Caribe, procedente de Gibraltar  en donde Betsy se cruzo por nuestra proa.

Es en esta zona de convergencia intertropical en donde las teorías de Gaspar Coriolis, cuando sus fundamentos toman relevancia al demostrar que en el ecuador el efecto de la velocidad del giro de la tierra es mayor que en los polos, efecto al que llamamos efecto Coriolis, que a veces y en combinación con las condiciones de presión y temperatura son suficientes para romper el cinturón intertropical, esa línea imaginaria que separa los vientos alisios de ambos hemisferios terrestres, originando el germen de una tormenta tropical que dependiendo del valor isobárico de su vórtice, lo consideramos como tormenta tropical y catalogado según la escala de Beaufort, o lo consideramos Ciclón Tropical, según la escala Saffir-Simpson.

Después de varios días de navegación, en época de ciclones, pasadas las Azores, navegando por Ortodromica con rumbo a poniente, en demanda de la boya de recalada de Chesapeake Bay, para proceder al puerto de Newportnews, el tiempo había comenzado a empeorar, viento y mar tendida del NW, propio de la zona del Atlántico central, por la proa se situaban a tres días de navegación las islas Bermudas, el buque en lastre y con los trabajos de acondicionamiento en bodegas ya listos de cuarteles para recibir la carga de grano, con el lastre de los dobles fondos completos, el buque debidamente arranchado a son de mar, era lo más que se podía hacer para enfrentarse a la tormenta.

 Los partes del tiempo recibidos ya venían anunciando la formación de una tormenta tropical al SW de nuestra derrota, lo que nos situaba en el sector peligroso del Ciclón, al que se le había dado el nombre de Betsy  y que todavía no nos habían formalmente presentado, pero ya se empezaba a notar su presencia, con viento y mar encontrada con la ya existente en la derrota hacia las costas de Virginia. Los pronósticos de presión a medida que se iba ganando poniente se acercaban a las lecturas barométricas tomadas a bordo, lo que indicaba que el ciclón nos estaba alcanzando.

Es obvio que desde mi perspectiva y falta de experiencia de alumno de Puente en esos momentos, no podría ver ni entender con claridad lo que estaba realmente sucediendo, hasta el punto que no recuerdo haber  pasado miedo ni a temer por el buque, solo veía mal tiempo, muy mal tiempo, muchos golpes de mar, muchos pantocazos y variaciones de las revoluciones del motor a veces disparadas, mucha lluvia, salseros por cubierta, toda clase de ruidos extraños producidos por el viento en los aparejos de los puntales de las bodegas, el viento como decimos en mi tierra, zoaba que asustaba, pero realmente no me daba cuenta de la situación de peligro real por la que estaba pasando el buque, recuerdo que en la primera noche, como no se podía dormir en el camarote, que por cierto quedó destartalado, subí al Puente de Gobierno junto con los otros alumnos,  para por lo menos estar acompañado con los demás oficiales y el Capitán, que nunca abandono el Puente, como si quisiera dominar la situación, solo me di cuenta de la  peligrosidad de la situación cuando le vi en la mano un rosario de dedo, girándolo sin control alrededor de su dedo índice,  como si fuera su salvavidas, ahora que ha pasado tanto tiempo, es cuando puedo realmente valorar una situación como la vivida, e intentar imaginar que pensamientos habría en la cabeza de nuestro Capitán.

Como en la mar, todo pasa, incluso hasta el mal tiempo, y que después del temporal siempre llega la calma, en este caso la calma llego cuando se entro al abrigo de tierra por el canal de Chesapeake,  donde la lista de averías que se produjeron por el paso del Ciclón, justificaba la Protesta de Mar presentada por el Capitán, en el Consulado al la llegada al puerto de Newportnews, lo que realmente nunca supe a qué distancia del buque pasó el Vórtice del Ciclón, pero por la cantidad de averías reseñadas, no pudo haber sido muy lejos.   

(*) Este Huracan al que yo llamo Betsy, evidentemente no tiene nada que ver con el famoso "Billion Dollar Betsy" del año 1965 de Categoria 3 en la escala Saffir - Simpson, y que llamo Betsy, por que así se le denomino a bordo, cuando atracamos en Newportnews.  

Fernando Saiz, C.M.M.

La Coruña 19.06.2018