La Coruña 14.06.2018

CARAMUJOS

CARAMUJOS Y CARRAMARROS

 

De vez en cuando, tengo la suerte de disfrutar de la compañía y conversación con otros viejos marinos antes del desguace y que en mi misma situación, disfrutamos de la tranquilidad y sosiego que dan los años, cuando las prisas y los horarios ya no significan nada, tan solo la tranquilidad y el disfrute de los momentos de ocio que van llenando poco a poco los folios de nuestro particular  cuaderno de bitácora.

Las tardes se llenan con conversaciones intranscendentes  la mayoría de las veces, que a pesar de machacar los mismos temas, siempre suenan diferentes, cada uno desde su punto de vista, cada uno con sus historias, que en ocasiones se ven adornadas por ese punto de fantasía que da la prolífica imaginación, adquirida y alimentada por las vivencias experimentadas en singladuras por mares lejanos y tierras más allá del horizonte, conversaciones que con el tiempo se hacen  cansinas y repetitivas, que ya sabes cómo van a terminar, solo de vez en cuando te sorprende la narrativa del  que te habla, su sabiduría y buen criterio, que resuelven sus relatos con razonamientos que te sorprenden por su ponderación y racionalidad.

Son muchas las anécdotas en estas conversaciones que se ven adornadas por atractivas fantasías, sospechosamente alejadas de la realidad, considerando esta licencia como una concesión al derecho que tiene el interlocutor de  contar su historia y hacerla así más atractiva, se trata simplemente de llenar un tiempo de ocio y al mismo tiempo conservar el interés de estos relatos para futuras ocasiones.

Somos conscientes de que ya han pasado los tiempos de pensar mucho, hablar poco y escribir menos, que eran las directrices de aquellos viejos Capitanes, para la mejor marcha del buque y su gobierno, normas aprendidas durante su larga vida en la mar, primero obedeciendo mucho, para posteriormente poder ganarse la oportunidad de mandar su propio buque, hoy y ahora la perspectiva es muy diferente, siendo la única prioridad, poder disfrutar del descanso obligatorio impuesto por el calendario, y recordar el pasado para que permanezca vivo, de esa manera.

Cuántas veces hemos oído decir de algunos marinos, que tienen más conchas que un galápago, o caramujos y carromarros entre los dedos de los pies, teniendo delante a un marino de esos que presentan el cuero de la cara más que piel  y de manos curtidas por la salitre del mar, irremisiblemente presuponemos la cantidad de vivencias y aventuras que podría contarnos de primera mano, que posiblemente harían la competencia a cualquier aventura contada por el mismísimo Joseph Conrad.  Afortunadamente, de estos marinos ya quedan pocos o muy pocos, verdaderamente están en periodo de extinción, y sin posibilidad de recuperación, ya por que las comodidades de los buques modernos y las mejoras en las  condiciones laborales, el trabajo es mucho menos esclavo por decirlo de alguna manera y consecuentemente el cuerpo responde y se conserva de otra manera más saludable.

La Coruña 13.06.2018

FERNANDO S.SAIZ C.M.M.