La Coruña 11.12.2017

AYER Y HOY

Si hay algo implacable, que no respeta a nada ni a nadie, es el paso y devenir del tiempo, que todo lo destruye, cambia o renueva, solo la memoria mantiene una conexión irreal entre lo que pasó ó fue, lo que está pasando y más adelante lo que sucederá, son estas, unas situaciones que están entre sí, íntimamente relacionadas a pesar que viven en espacios de tiempo diferentes, el tiempo, pasado, el tiempo presente y el tiempo futuro, probablemente cada tiempo sea la consecuencia del tiempo anterior.

Del tiempo pasado y del tiempo presente, podemos hablar, comentar, analizar, con relativo acierto y conocimiento, mientras conservemos la memoria que el tiempo o el Alzhéimer se encargará de borrar, del tiempo futuro solamente especular, salvo que tengamos el don de la profecía, aunque sea basada en el cálculo de posibilidades racionales y aún así, con muchas probabilidades de equivocarnos.

Mirando atrás, vemos con asombro, que en un periodo muy corto de tiempo, hemos experimentado de manos de las nuevas tecnologías, un progreso hacia adelante tan enorme, que los que peinamos canas, solo con un gran esfuerzo, nos podemos imaginar la aceleración en el desarrollo experimentado, seguramente no somos plenamente conscientes de cuanto camino se ha recorrido en tan poco espacio de tiempo, estoy pensando que entre la invención de lámpara de aceite hasta el ladrillo de adobe, han tenido que pasar solamente 45000 años. Un record ampliamente superado por cualquier invento de hoy en día.

Todo esto viene a cuento, para poder imaginar, la evolución que ha experimentado la navegación marítima, de cómo era hace muy poco tiempo,(Años 60/70) a como se entiende hoy día y no ha pasado tanto tiempo, esta evolución se acelera en progresión geométrica a partir de los años setenta, en el ámbito de la Marina Mercante.

Hoy en día, hemos visto como los buques de Carga General, han desaparecido de casi todos los mares, fagocitados por las flotas de buques portacontenedores de todos los tamaños, que involuntariamente han acabado con una manera de navegar que se fraguo durante muchos siglos, precisamente en los buques de Carga General, que eran todos y los únicos que navegaban, salvo con la excepción de los buques de guerra y pesca, buques mercantes de carga general en donde las habilidades del marino, eran las que movían y cargaban estos buques, habilidades que en mi opinión, son mucho más satisfactorias y gratificantes para el marino de aquellos tiempos, que las proporcionadas hoy en día por el conocimiento y manejo de unas computadoras, que poco tienen que ver con la profesión, todo en base a la facilidad y eficacia que proporcionan estos modernos sistemas ya de navegación, como manejo de cargamentos, comunicaciones, navegación por las derrotas optimas proporcionadas por los satélites meteorológicos, modernidades que todo lo justifican para optimizar los tiempos y recursos del buque.

Puedo recordar mis embarques en estos buques de Carga General, cuando las ordenes de carga se recibían por medio de la T.S.H. (Telegrafía sin hilos), por cierto, los primeros sacrificados en nombre de las nuevas tecnologías, fueron los Oficiales de Radio, a partir de 1 de Enero del año 2000, la IMO autoriza la navegación sin  TSH basándose en la duplicidad, modernidad y efectividad de los equipos de comunicación.

Además de las ordenes de carga, rotación de puertos, se recibían las características de la carga, bultos, sacas, cajas, bidones, cargas a granel, etc. todo ello, no suponía un gran esfuerzo para la estiba de cada cargamento, naturalmente que los cálculos de estiba de la carga, se hacían con las inevitables y sobadas curvas de estabilidad del buque, para realizar los cálculos del GM, toneladas por centímetro de inmersión, calados y asientos durante cada movimiento de carga, se observaban los criterios de Rahola para garantizar la estabilidad dinámica, se preveían las situaciones de estabilidad para los puertos intermedios, cálculos que se repasaban alejados de cualquier equipo de computación, pronto aparecieron por estos buques los LOADICATORS,  que nada tienen que ver con los sistemas actuales para los cálculos de estabilidad, stress y calados del buque, dando los datos actualizados y momentáneos. Sin duda la tecnología ha facilitado enormemente el conocimiento del estado del buque en cada momento y porque no decirlo, también la seguridad del buque ya que difícilmente, si se proporcionan los datos correctos al ordenador, los resultados son absolutamente fiables, algo que en aquellos tiempos la infalibilidad del marino, podía estar sujeta a errores involuntarios. Estoy seguro que hoy en día, me supondría un gran problema el tener que realizar este tipo de cálculos de estabilidad y esfuerzos sin la ayuda de estos modernos ordenadores que ya forman parte del Armamento del buque.

Parece que la modernidad y la eficacia, cuenta a favor de la explotación del buque, cuyo beneficio se multiplica para el Armador, como es lógico y de derecho, pero que va en detrimento de la supervivencia y conservación de las ciencias náuticas y practicas marineras, que a lo largo de los siglos han sido.

 

Fernando Saiz C.M.M.

La Coruña 11.12.2017