La Coruña 30.11.2017

MALA MAR

MALA MAR

 

Mala Mar, esa mar encrespada y a veces enorme, que nunca se olvida, esa mar en que observamos la cresta de la ola por encima del alerón del buque y que durante  toda nuestra vida, siempre tenemos un recuerdo para ella. Mala Mar, la que irremediablemente, todos los marinos conocen, la que cuando nos abraza, nos invita a pensar en dejarla, por y para siempre. Mala Mar solo hay una o dos como máximo en la vida del Marino, las otras no nos parecen tan malas, no cuentan, ya que se ven minimizadas por esa Mala Mar, que pudo haber torcido nuestra vocación.

Con la perspectiva que da el tiempo, después de haber pasado unos cuantos temporales, siempre tenemos en mente, el recuerdo de esa Mala Mar, afortunadamente no son muchas las ocasiones en que nos sorprende, la mayoría de las veces ni la intuimos, cogiéndonos desprevenidos y sin tiempo para reaccionar, pero cuando irremediablemente nos envuelve , es cuando tomamos conciencia de lo poca cosa que somos y lo poco que podemos hacer en semejante rebumbio de agua y viento, que durante el día  te acojona, (no encuentro otra palabra más adecuada), por la cantidad de golpes de mar que castigan el buque, observando y sopesando la cantidad de agua que embarca en la cubierta de carga, quedando el buque prácticamente sumergido, con la esperanza de que la reserva de flotabilidad, sea suficiente como para poder recuperar la flotación correspondiente a las marcas de calados, o cuando la mar golpea la popa o costado del buque, doblando la escala real arranchada en su estiba, o te deforma los pescantes de los botes salvavidas o incluso arrancándolos de cubierta.

Otras sensaciones muy diferentes se viven y padecen durante la noche con esta Mala Mar, con el alumbrado de cubierta encendido, (como ayuda para identificar posibles averías), luces que potencian la extraordinaria claridad de la espuma y agua embarcada en la cubierta que te permite hacer una idea de cómo se está comportando el buque,  por el contrario, careces totalmente de la visión de las proximidades del buque, la oscuridad es total, como “boca de lobo”, lo que no te deja ver la llegada de un nuevo golpe de mar, dificultando la posibilidad de poder capear, adecuando la potencia de maquina a la fuerza de la mar, o ver la dirección de  la ola para gobernarla por la amura.

Mala Mar, que acaba con el orden del interior del buque, cámaras y camarotes además del desorden más absoluto, los suelos acogen cualquier elemento que en su orden, tienen su propio lugar en el buque, todo lo que es susceptible de caer, irremediablemente cae, y en el movimiento de balanceo que tiene el buque, el mobiliario puede llegar a su destartalamiento, por lo que todos estos elementos sueltos, corren de babor a estribor como  cuerpos muertos, al ritmo del balanceo del buque, como sillas o sillones que hoy en día no entiendo como no se trincan al suelo de las cámaras o camarotes, como era costumbre en los vapores y veleros, muebles que parecen que tienen vida propia, desplazándose según el balance o cabeceo del buque, con el peligro que suponen si te llevan por delante.

El caos de la Derrota del Puente de Gobierno, donde vemos las cartas de navegación, publicaciones, compases, transportadores y otros instrumentos, rolando de Babor a Estribor a todo lo ancho de la manga del puente, ya ni se toma el trabajo de recoger todos estos elementos hasta que amaina esta Mala Mar. Las cocinas quizás sean los lugares del buque más preparados para estos temporales, ya que todavía conservan sus “balanceras y cardams” en los fuegos para evitar los derrames, aunque con estos mares, los sabios cocineros nos alimentan a base de comidas frías. Pañoles y talleres, en el caos más absoluto.

Naturalmente que cuando un buque sale a la mar, siempre se arrancha a “son de mar”, tanto con buen o mal tiempo, como medida habitual y de buena práctica marinera,  no es habitual que con mal tiempo se produzcan estos estropicios, pero cuando la mar es la Mala Mar, las medidas tomadas pueden ser insuficientes.

El marino cuando está en puerto, habitualmente está deseando estar en la mar, pero cuando le sorprende esta Mala Mar es cuando está deseando estar en puerto, un claro síntoma del instinto de supervivencia. 

 

Fernando Saiz C.M.M.

La Coruña 30.11.2017