20 Agosto 2016

MARIA ALEJANDRA

EL B/T MARIA ALEJANDRA

 

Mucho se ha escrito sobre la desgraciada perdida  del petrolero Español B/T  MARIA ALEJANDRA, (Explosión y perdida 11.03.1980), noticia que circunstancialmente se vio minimizada para los que no viven el mundo de la mar  por la noticia del fallecimiento en esas fechas del conocido comunicador de T.V.E. Félix Rodríguez de La Fuente, evidentemente más proclive su pérdida a sentimientos de condolencia, pena o frustración.

Se ha escrito y dicho de todo, se elucubro ampliamente sobre las causa del accidente, se habló y escribió de las circunstancias y vivencias de los náufragos y supervivientes, sobre la actuación de los Seguros, sobre la actuación de la armadora MAROIL, se habló de las circunstancias particulares de todos y cada uno de los tripulantes, del silencio impuesto a cada uno de los supervivientes por la casa armadora MAROIL, sin duda para no interferir en las investigaciones y que pudieran influir en la resolución de las indemnizaciones a la Empresa Armadora como las indemnizaciones a los tripulantes perdidos o desaparecidos.

Al día de hoy….. y ya han pasado más de 36 años, tengamos que contentarnos con unas opiniones, que aunque sean las opiniones autorizadas de unos profesionales del Derecho, del Periodismo ó de la Enseñanza, que no han conocido físicamente el buque ni a sus tripulantes, más que por comentarios e informaciones, informaciones y comentarios que pueden estar sujetas a interpretaciones más o menos acertadas, sabido es que las palabras tienen tres significados, lo que uno quiere decir, lo que el interlocutor entiende y el tercer significado es el que dice el Diccionario, creo que me explico.

No quiero llamar la atención sobre estos profesionales que han opinado o escrito sobre esta perdida, pero quiero hacer un homenaje a mis compañeros perdidos en esta monumental desgracia, en que todavía sus familias, los tienen vivos en sus recuerdos. Tampoco quiero hacer referencia a mi particular estancia a bordo, ya que el motivo de estas letras no es más que dedicarles un tiempo y un espacio en mi memoria ya que han sido muchos los ratos durante mi vida de marino, durante esas guardias interminables en las noches que han ocupado mis recuerdos.

No sé si la suerte es más benévola con unas personas que con otras, algo debe de ser cierto, digo esto porque yo he tenido la suerte de embarcar en este buque, el mismo día que embarcó su Capitán D. Alfredo Videa Ansoleaga, del cual no puedo decir nada que merme su calidad tanto humana como profesional, y puedo decir que he pasado con él, muchas horas de guardia en el Puente del buque, hablando de todo, de lo divino y de lo humano, son charlas que todavía recuerdo, son recuerdos con una carga de tristeza por lo sucedido posteriormente. También recuerdo con nostalgia al Jefe de Máquinas Manuel Valle Polanco, que subía diariamente al Puente y como es natural   para comprobar velocidades y consumos del Motor Principal, y de paso largar unas parrafadas de esas que se hablan en los barcos, casi siempre banalidades aunque no quitara que de vez en cuando eran conversaciones algo más transcendentales. Me acuerdo de Luis Cañadillas  con su guitarra y sus aires Canarios, del bombero, un rubio estropajo y menudo que llamábamos Orzowey, estoy seguro que él lo sabía y recuerdo las borracheras de gas que cogíamos los dos en los topeos con las crucetas de madera a boca del tapin de los tanques de carga de aquel crudo Bonny Light en Nigeria. Me acuerdo de esas Navidades en donde no faltaba el zurrón de gofio de Javier Sebastián Castellano, tambien de Horacio el camarero del Capitán, mas tarde coincidí navegando con dos supervivientes, el ayudante de bombero José Sendon y Juan Antonio Núñez, mis paisanos de  La Coruña, y que jamás se me ocurrió comentarles nada del accidente, también coincidí con Mauro otro de los supervivientes cuando trabajaba en un empresa de Santa Cruz haciendo servicios de recogida de slops y aceites a los buques, tampoco hubo nunca ningún comentario al respecto, en fin son muchos los recuerdos, que llenan mi saco de vivencias y que puedo recordar.

Evocando a la suerte, me pregunto si esto de la suerte, es patrimonio de la persona o son las circunstancias que aleatoriamente te colocan en situaciones más favorables, el caso es que un día navegando y a la mitad de la campaña, en viaje hacia Ras Tannurah, el Capitán D. Alfredo Videa, me comunica que la empresa me quiere transbordar a otro buque de la Compañía y que si aceptaba, me desembarcaría en Dubay, la verdad es que en este monumental buque, la vida era cómoda y organizada,  y el cambio no me parecía de lo más atractivo, de todos modos mi respuesta fue la lógica, le comunique al Capitán que la empresa disponga lo que más le conviene, en ese momento y sin saberlo la suerte decidió mi futuro, y el de mi mujer que estaba a bordo acompañándome.

Así desembarque en Dubay con mi mujer y otros tripulantes que habían tenido su relevo, como Romaní que venía a substituir a Alfonso Arbolí, lo mismo que  Ignacio Boy Cutillas que era mi relevo. Si recuerdo que experimente una gran sensación de alivio y descanso cuando me encontraba en la falúa de los relevos, debido a que este buque con todo lo cómodo, grande y seguro que parecía, navegando en lastre, tenía unas vibraciones que muchas veces se hacían  insoportables, sobre todo en mi camarote, como si el centro de concordancia de las resonancias, estuviera en la zona de la cubierta, en donde estaba mi camarote, de todos modos desembarque con la expectativa de mejorar en mi nuevo destino dentro de la empresa.

Ya una vez en mi nuevo destino, el fatídico día de la pérdida del buque, escucho la noticia por la radio, al principio las noticias son escasas, sin confirmar, parecen increíbles, la cabeza empieza a trabajar, los recuerdos, las vivencias se amontonan en mis pensamientos, las confidencias vividas con los compañeros,  cuantas lagrimas derramo mi mujer, por todos ellos, ya que todos los que habían embarcado con ella en La Vera – Fos, habían fallecido, la impresión fue demasiado dura, pero nunca tanta como el dolor de los familiares de los tripulantes fallecidos y o desaparecidos.

Yo desde aquí, desde lo más profundo de mis buenos sentimientos hacia ellos quiero rendir un recuerdo, que siempre, quiera o no, estará en mi afortunada vivencia, por decirlo de alguna manera y mientras se recuerden, estarán vivos, aunque solo sea en el recuerdo de quienes les conocieron.

 

Capitán de la M.M. Fernando Saiz

La Coruña 20.08.2016