22 Marzo 2015

PROFESIÓN / VOCACIÓN

Cuando se  es joven, parece que lo que te empuja a avanzar es la ilusión, la ilusión de conocer, de hacer, de realizarte y cuantas veces esta ilusión no te permite ver la realidad de las cosas, pero seguimos adelante, como ariete contra la caja, porque hay algo que te empuja acuciado por las necesidades de la juventud.

A veces me pregunto por qué he elegido la profesión de Marino, o quizás porque la profesión me ha elegido a mí, muchos se han desenrolado antes de tiempo al no aguantar los embates de la mar y de la dura vida que esta nos tiene reservada,   la verdad es que cuando uno comienza los estudios de Náutica, ni se imagina lo que va a dar de sí esta forma de vida. Los viejos marinos te cuentan sus vivencias en puertos lejanos y exóticos, y la cabeza empieza a funcionar como un resorte que visualiza situaciones que en nada se parecen a la cruda realidad, y así con un saco de ilusión y otro saco de imaginación, comenzamos a remar hacia nuestro destino de marino.

Casi todos recordamos anécdotas en la Escuela de Náutica en nuestro periodo de estudiante, envidiando desde nuestra óptica a los para nosotros afortunados cursillistas de Capitán, con muchos  días de mar en sus espaldas y que más de una vez entre broma y veras te decían, ¿chaval que haces? , coge los bártulos y vete a Magisterio…,  lo que te dejaba descolocado, pero ya se sabe la ilusión y la ignorancia te invita a seguir adelante.

Y llega el primer embarque, cuando subes por la plancha, no piensas nada y se te pasa todo por la cabeza al mismo tiempo, creo que no sabes a dónde vas, los ojos como platos, todo nuevo y con sensaciones nunca antes vividas, ya empiezas a notar el balanceo del barco, o la recorrida en el muelle, ya empieza la sensación de una nueva experiencia, y el sentimiento del mayor desamparo del mundo al verte solo, en un mundo desconocido.

Con tu cartilla de Navegación en la mano, de la que todavía no conoces todas sus posibilidades, y en la otra mano tu maleta, la cartilla que pretendes entregársela al Oficial de Guardia, esperando que te diga algo o te oriente en estos primeros momentos,  normalmente lo primero que te dice, es que el primer oficial está descansando, que ha tenido una noche muy ocupada, etc. Cuando dispone de un poco de tiempo entonces llama al camarero para darte el camarote, y ya empieza el primer problema, el camarero te tutea, tú le tuteas y el Oficial te echa la racha de que si has comido en el mismo plato y has dormido en la misma cama que él, si antes andabas desorientado, ahora más y además un poco cabreado por tu primera metedura de pata que hasta se te quita la vocación marina de repente. Sin darte apenas cuenta ya has recibido la primera lección a bordo en relación al trato que se ha de tener entre Oficiales y Tripulación, que más tarde te servirá para evitar muchos problemas en la convivencia a bordo.

En la perspectiva que te da el tiempo, agradeces que se hayan producido estas situaciones que te marcarán durante toda la vida de marino, y que más tarde tu aplicas cuando se vuelve a producir esta situación entre el bisoño marino y el veterano subalterno o marinero que busca rentabilidad a esta situación.

Hoy en día en los buques Españoles se observa un relajo grande en este sentido, por ambas partes, Oficialidad y tripulación y no me atrevería a juzgarlo en el sentido si es mejor o peor, actualmente las personas que configuran una tripulación, son gentes más preparadas, ya culturalmente como socialmente que hace unos bastantes años y situaciones de falta de respeto no están consideradas por los nuevos marinos como una situación conflictiva, de todos modos se podrían evitar situaciones de falta de autoridad cuando se tiene claramente definidas las obligaciones de todos y cada uno de los tripulantes.

Con el tiempo te vas haciendo un profesional en la medida que asimilas y aplicas los conocimientos de los primeros años mientras te dura el periodo de prácticas, porque cuando estas se acaban, el periodo de aprendizaje se termina, junto con ese estado de irresponsabilidad directa que se le suponen a los agregados y alumnos, finalizado este periodo y con la titulación de Oficial de la M.M. en la mano, de repente adquieres una responsabilidad difícil de asimilar y que viene inherente al cargo que desempeñas a bordo, responsabilidad que por cierto en las Escuelas o Facultades de Náutica, ni te lo advierten y ni te lo enseñan´, quizás por eso también son tan necesarias las prácticas de mar, aprendiendo de la experiencia de tus mayores.

Son muchos los marinos y como en todas las profesiones, los hay buenos profesionales y no tan buenos, si tienes buenos maestros, tienes al menos la posibilidad de hacerte un buen profesional y no nos engañemos, siempre se está aprendiendo, también es cierto que del más torpe, siempre se puede aprender algo, al menos lo que no se debe de hacer.

En mi opinión advierto que el profesional se hace, ¿pero qué pasa con la vocación?, esa inclinación o predisposición a adoptar la vida de la mar, ¿a qué obedece?, se me hace difícil de entender, puede ser por inclinación familiar, por lecturas de infancia, por curiosidad, necesidad de viajar, no se me ocurren muchos motivos más, pero es evidente que la vocación existe, aunque todos  tenemos una idea de este concepto muy diferente, lo cierto es que es la primera condición que se necesita para ser marino, sin vocación ya ni te planteas ser marino, al menos así se planteaba cuando se navegaba con sextante y cronometro, hoy son otros tiempos y la situación social te puede obligar a vocacionarte en esta profesión por pura necesidad.

Fernando Saiz

Capitán de la M.M. 22.Marzo 2015