13 Enero 2016

LOS DELFINES

DELFINES COMPAÑEROS DE VIAJE

Evocando a Opiano en sus Haliéuticas, refiriéndose a los delfines como hombres que cambiaron su vida en la tierra por la vida en la mar, como los marinos que en su subconsciente, albergan esta fusión, o Hesiodo en su Teogonía, haciendo referencia a estos fascinantes seres que son los delfines,  cuando Dionisos, el mitológico dios más festivo del Olimpo, en su viaje a la isla de Naxos, habiendo adoptado la forma de un joven mortal, escuchando a los marineros del barco que lo transportaba, las intenciones de venderlo como esclavo en Asia, Dionisos usando sus poderes divinos, hizo que estos marinos se arrojasen al agua. Poseidón, Dios del Mar, en su benevolencia, los transformó en delfines, imponiéndoles una condición, la de ayudar a los marinos en peligro en la mar, como recompensa, los mitificó otorgandoles una constelación en los cielos nocturnos.

Otra referencia en la mitología griega sobre los delfines, se refiere al dios Apolo, que adoptó la forma de delfín, para buscar en las costas de Grecia, el lugar idóneo para establecer su templo, arribando a los pies del Monte Parnaso, en un lugar denominado Delfos, el del Oráculo, haciendo una clara referencia etimológica al delfín y que se ve ampliamente representado en numerosos restos arqueológicos, como jarras, vasos policromados, mosaicos, joyas, frescos, etc.

Afrodita es a menudo representada en la Mitología, montando sobre delfines. Estoy seguro que las mitologías Orientales o Nórdicas, también harán sus referencias a estos fascinantes mamíferos marinos.

Los que hemos tenido la suerte de habernos encontrado en la mar, con estos seres tan singulares acompañando al buque, en la fascinación de ver como ese sensual roce de su lomo con el frio acero de la roda del buque, que parece que les complace y además, alcanzando esas velocidades (siempre un poco más altas que las del buque al que acompañan), con esa gracia y armonía de movimientos que nos muestran, rentabilizando al máximo su rompedora hidrodinámica, para alcanzar esas velocidades, que parece como si compitieran contra la tecnología de la que dispone el hombre para incordiarles en su medio natural, que desgraciadamente les invadimos, con la justificación de que la mar nos parece que es infinita.  

En más de una ocasión y navegando con aguas calmas entrando hacia el Mediterráneo, a la altura de Cabo Espartel, parece que las marsopas y los delfines vienen a tu encuentro como si quisieran marcarte la derrota a seguir, a veces, te llevan hasta Punta Europa como en volandas para no embarrancar en las rompientes de Punta Malabata o Punta Cires  y en otros mares cuando se te aproximan buscando el bulbo de tu proa, es como una fiesta, comprobando que hay vida en el océano, que no estás solo en la inmensa amarga pampa del mar, como diría un porteño.

                           

 

En más de una ocasión, estando en el torrotito (la proa de la proa), he intentado establecer esa comunicación que seguro hemos intentado los marinos, ociosos en esos momentos, silbándoles, hablándoles, como intentando establecer una conversación posible, la duda siempre ha sido mía, el no saber si me entendían, de lo que nunca dudé, fue de su buena y generosa compañía que nos hacía más entretenido el viaje.

Cuantas horas me han robado ó mejor dicho, me han regalado disfrutando de sus piruetas, observados desde el torrotito, como un observador privilegiado.

Durante una época de mi vida profesional, suministrando bunker a la flota de buques atuneros que operaban en el Golfo de Guinea, los capitanes de estos buques me comentaban con bastante frecuencia, que cuando izaban a bordo el copo de pesca, con los atunes, entraban delfines o sus crías, cuando se podía se devolvían vivas a la mar, mientras tanto los delfines libres se pegaban al costado del buque como reclamando con sus quejidos, se les devolvieran los delfines atrapados en la red, insistían estos marinos que una cosa es contarlo y otra cosa es verlo, algunos de estos marinos aseguraban que más parecían lloros que quejidos, como si la mitología tuviera razón al decir que estos seres  fueran medio personas.  

 

Fernando Saiz.  13.01.2016

Capitán de la M.M.